Desmitificando Costa Rica: lo mejor y lo peor de un país tan bonito como sobrevalorado
Naturaleza salvaje, playas, volcanes, fauna por todas partes, selva, cascadas, calor, surf, buen clima, parques nacionales… y una imagen internacional casi perfecta. Durante años se ha vendido como el gran paraíso natural de Centroamérica. Ahora bien: después de casi dos semanas recorriéndolo con cuatro de mis mejores amigos, también creo que conviene bajar un poco el soufflé.
COSTA RICA


Lo mejor de Costa Rica
La fauna y la facilidad para verla. Pocos países que haya visitado me han puesto los animales tan en bandeja. En Costa Rica la naturaleza parece empeñada en recordarte constantemente que estás en un ecosistema privilegiado. Tucanes en Arenal, monos aulladores al borde de la carretera, perezosos a un metro de distancia, ranas, iguanas, tarántulas, serpientes, colibríes… A veces parece hasta exagerado. Y eso, sinceramente, es una maravilla. 👉 En nuestro itinerario de 2 semanas encontraréis recomendación para hacer avistamientos.
Algunos paisajes son realmente espectaculares. Aunque no todo me voló la cabeza, hay zonas del país que sí me parecieron una barbaridad. El entorno del Arenal es potentísimo. Marino Ballena me sorprendió muchísimo más de lo que esperaba. Y el Pacífico Sur, con Uvita, Sierpe, Ventanas o Playa Hermosa, fue claramente la parte que más me llegó. Ahí sí sentí una Costa Rica más grande, más abierta, más salvaje y mucho menos encorsetada. 👉En este artículo encontraréis toda la información con lo que no os podéis perder.
Los parques nacionales, cuando conectan, conectan de verdad. Hay bastante negocio montado alrededor de ellos, sí, pero sería absurdo negar que algunos parques son muy buenos. Arenal merece mucho la pena. Manuel Antonio es bonito pese a todo. Marino Ballena me pareció especial de verdad. Y la sensación de estar rodeado de selva, mar, humedad y montañas casi en cualquier punto del país hace que, cuando el lugar acompaña, acompañe mucho.
El Pacífico Sur. Para mí, la mejor zona del viaje. Sin demasiadas dudas. Más auténtica, más agradecida, menos histérica y con mejores sensaciones generales que otros lugares mucho más famosos. Playas kilométricas, atardeceres de locura, ambiente relajado, naturaleza omnipresente y una forma bastante más amable de relacionarte con el paisaje. Si volviera a Costa Rica, priorizaría esta zona.
El viaje con amigos. No es exactamente mérito del país, pero sí de la experiencia. Costa Rica ha sido el escenario de un viaje buenísimo con Asier, Unai, Ander y Pablo. Y eso cambia cualquier valoración. Las charlas largas, el humor constante, las filosofadas, las cervezas, los kilómetros en coche y esa sensación de madurez compartida han elevado muchísimo el viaje. Seguramente, sin ellos, mi visión del país habría sido bastante más crítica.
















Lo peor de Costa Rica
Es carísimo. Pero muchísimo. Y no solo “caro para Centroamérica”. Caro de verdad. Comer fuera, alquilar coche, entrar en parques, hacer actividades, dormir en ciertos sitios, contratar excursiones… Casi todo cuesta más de lo que uno siente que debería costar. Y no hablo desde la tacañería, sino desde una comparación bastante evidente con otros destinos de Latinoamérica que ofrecen mucho más por bastante menos. Hay momentos en los que da la sensación de que en Costa Rica se cobra por absolutamente todo. Y casi siempre caro.
La turistificación se nota demasiado. Este es, probablemente, mi principal problema con el país. Costa Rica recibe tantísimo turismo para su tamaño e infraestructura, y está tan enfocada a ese visitante extranjero con poder adquisitivo alto, que en muchos lugares cuesta sentir algo mínimamente espontáneo. Todo está preparado, empaquetado, tarifado y orientado a que pases por caja. A veces funciona. Otras veces agota.
El tipo de turismo que atrae. Y aquí voy a ser sincero: buena parte del turismo estadounidense que se mueve por Costa Rica me ha resultado bastante difícil de digerir. No todo, obviamente, pero sí un perfil muy concreto, ruidoso, invasivo, poco educado, demasiado convencido de que está en un parque de atracciones tropical diseñado para su diversión. Lo vi especialmente claro en ciertos lugares del Pacífico, y más todavía en escenas como las de la cascada de Uvita. Ese tipo de turismo le resta bastante al país.
Demasiado negocio alrededor de la naturaleza. Una cosa es proteger y gestionar espacios naturales. Otra, convertir cada rincón mínimamente bonito en una máquina de facturación. En Costa Rica a veces cuesta distinguir una cosa de la otra. Hay parques y actividades que tienen sentido, pero también lugares bastante normales cobrados como si fueran experiencias casi irrepetibles. Esa mercantilización constante de la naturaleza me dejó bastante frío.
Culturalmente me dice poco. Esto ya es más personal, pero también bastante importante. A mí me tiran mucho los países con mayor carga histórica, cultural o humana en otro sentido. Costa Rica tiene naturaleza, sí, y mucha. Pero fuera de eso, me ha parecido un destino con poco fondo cultural para el tipo de viaje que más me remueve por dentro. Lo he disfrutado, claro. Pero no es un país que me haya fascinado más allá del paisaje, la fauna y el contexto del viaje.
Costa Rica me ha gustado. Lo he disfrutado mucho. Me lo he pasado de cine. He visto animales increíbles, paisajes muy potentes y rincones especialmente bonitos en el Pacífico Sur. Pero también creo que es un país que conviene desmitificar un poco. No todo es tan perfecto como se vende. No todo merece lo que cuesta. No todos sus grandes nombres me parecieron tan grandes. Y no, no creo que deba compararse alegremente con otros destinos mucho más profundos, más impresionantes o más completos de Latinoamérica.
👉Os invito a que descubráis esos destinos en este enlace que, seguro, sirve para inspiraros el próximo viaje 😉
Ahora bien: si vais con las expectativas ajustadas, asumís que os vais a dejar bastante dinero y os centráis en las zonas que de verdad compensan —para mí, sobre todo el Pacífico Sur—, Costa Rica puede regalaros un viaje muy bonito. A mí me dejó una sensación curiosa: un país sobrevalorado, sí, pero también un viaje inolvidable. Y a veces ambas cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Os dejo un itinerario sugerido aquí, así como toda la información necesaria para planificar la visita por vuestra cuenta. ¡PURA VIDA!
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